jueves, 15 de enero de 2009

Miyajima (宮島), la isla sagrada.

Hay siempre en Japón un aire mágico, un giro mítico en cada esquina, que logra enamorarnos sin remedio. En su desordenado y caótico urbanismo (junto a un rascacielos podemos encontrar pequeñas casas de madera centenaria; al salir de sus abarrotadas avenidas siempre hay rincones, jardines, templos, llenos de paz y armonía, propicios al recogimiento y la introspección), en el epicentro de su vertiginosa inmensidad, decía, podemos encontrar lugares de leyenda; parece que el futuro y la antigüedad sagrada han aprendido a convivir en Japón.
Cerca de la moderna y acogedora Hiroshima (広島), a unos 50Km de una europeizada arquitectura, nacida del polvo de sus trágicas cenizas, podemos encontrar una isla de visita obligada, Miyajima (宮島, literalmente "isla santuario") es un lugar que en ocasiones puede resultar excesivamente turístico pero que bien merece un día, y si es posible su respectiva noche en alguno de los tradicionales Ryokan (hotel de estilo japonés) que alberga. Además de las cientos de tiendas de souvenirs (en japonés Omiyage), por sus parajes podemos encontrarnos con importantes templos tanto budistas como sintoístas, el más famoso es el santuario de Itsukushima (厳島, nombre verdadero de la isla) cuyo espectacular torii rojo de 16m de altura, realizado en madera de alcanforero, es junto al Fuji-san una de las imágenes más típicas de Japón. El parque Momijidani-koen (紅葉谷公園) que resulta ideal para disfrutar un paseo tranquilo cuando las hojas de los arces adquieren su hermosa coloración rojiza, el templo Daisho-in(大聖院), la pagoda de Tahoto...uno tiene la impresión de que el espíritu de Japón reside en esta ínsula sagrada.
Inolvidable, tras el rotenburo (baños termales al aire libre), con la yukata (kimono de verano) y una copa de sake frío junto a la ventana de la habitación, la hipnótica imagen de los últimos transbordadores que lentamente abandonaban la isla con sus luces intermitentes, pasando junto al gran torii sacro, que poderoso e imperturbable incendiaba la noche.

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