lunes, 25 de octubre de 2010

San Sebastián.

Los amaneceres paseando por La Concha, los montes Igueldo y Urgull delimitando la bahía; frente a la playa una evocadora Isla de Santa Clara. El palacio de Miramar y sus jardines, el Peine de los Vientos de Eduardo Chillida, sus iglesias llenas de arte, la elegante y señorial arquitectura que recorre la ciudad. El hotel María Cristina y el teatro Victoria Eugenia con su glamour; El Kursaal, esos cúbica geometría de Moneo que ilumina mágicamente la noche. La alta cocina de Arzak, precisa, equilibrada, perfecta, puro terciopelo para el paladar; los pintxos en la zona vieja, especialmente en el Zeruko, campeón de pintxos en el 2010 situado en la calle pescadería. El txacolí de Getaria, el bacalao al pil-pil, el delicioso txangurro y un sin fin de platos coloridos haciendo equilibrismo en las barras de los bares. El jazz en directo del subterráneo club Altxerri, sus colores tan distintos a los del mediterráneo, el carácter de sus gentes, las playas, el paisaje, su brisa, el puerto, kilómetros y kilómetros de paseos cogidos de la mano y sin rumbo fijo, esa profunda y arrebatadora magia que nos ha conquistado…acabamos de regresar a casa y ya estamos pensando en cuándo podremos volver a San Sebastián.