domingo, 16 de septiembre de 2012

Desde Venecia con amor.

Hace unos días que hemos regresado a la rutina de todos los septiembres, pero como decía un poeta de cuyo nombre no me acuerdo, ni falta que hace, la vida es eso que sucede en los veranos, y nosotros nos hemos ido hasta Venecia a buscarla. La encontramos. Desde el preciso momento en que el avión toma tierra, escala Madrid, nos entregamos a la ciudad de la laguna y sus misteriosas islas magnéticas. Todo rodó perfecto, quizás mejor decir que todo fluyó perfecto. Jamas podré olvidar La plaza de San Marco con sus míticos cafés centenarios bajo los soportales, sus músicos, la basílica, la noche perfecta como un antiguo mosaico, los paseos por las callejuelas, la trattoría aquella de la pasta a la tinta del calamar y aquel bacalao mantecado delicioso regados con Prosecco, el puente Rialto como un majestuoso gran bazar colgante, el mercado oliendo a tomates secos y a agua de limpiar pescado, los espressos en las barras de los bares, La Birra Veneziana y las piadinas, apasionante y apasionado All'Arco con sus platos de fiambre y verduras asadas, los barrios de la periferia, las plazas que suenan a Vivaldi y niños que juegan a pillarse, las iglesias y los museos, los palacios y los oscuros calabozos, el evocador puente de los suspiros, nuestro humilde vaporetto y las góndolas de los súbditos saudíes, el juego de hablar italiano y el gozo de entenderlo, Murano, Burano, la sorpresa de encontrar por las calles los mismos rostros que en los cuadros de Tintoretto...el amor paseado ante aquel músico medieval, el sueño hecho realidad, la realidad que parece un sueño, Venecia, verano del 2012, porque allí disfrutamos juntos de la vida y celebramos un aniversario, Venecia nuestra, nosotros Venecianos.







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